"Adviento tiempo de espera y esperanza"
Domingo I Adviento CA: Is. 2,1-5; Rom13,11-14; Mt 24,37-44.
Comenzamos este domingo un nuevo año litúrgico y estrenamos, por ello, el tiempo de Adviento, que es tiempo hermoso. El tiempo de la promesa, el tiempo de la espera y de la esperanza. La vida y la experiencia nos demuestran que sin esperanza no se puede vivir. Pero sin Dios tampoco hay esperanza, de la “buena”, no engañosa. Adviento, tiempo hermoso para recuperar o avivar la esperanza verdadera.
En este nuevo ciclo seguiremos, sobre todo a lo largo de los domingos del tiempo ordinario, el evangelio de Mateo.
Solo Dios es capaz de remover lo más profundo de nuestro ser y vencer las resistencias, para emprender el camino que nunca es fácil, muchas veces cuesta arriba. La fuerza que nos empuja y empuja a los pueblos a recorrer el camino es la fe en la Palabra de un Dios que es fiel. No es Palabra fácil, porque es Palabra que juzga. Pero solamente dejándonos juzgar por ella es posible encontrar la propia verdad y el valor de trabajar por la paz, que tiene un precio: la laboriosa transformación de convertir las máquinas de guerra en herramientas de trabajo y promoción: “De los misiles, tanques y drones haremos tractores y sembradoras para la paz, para erradicar el hambre”.
2ª Lectura: “Daos cuenta del momento en que vivís”. El Adviento es buena ocasión para tomar conciencia del momento en que vivimos, del hoy de Dios, que nos toca vivir, como tiempo de gracia. Nuestro hoy es el tiempo final, porque no tenemos otro. Tiempo decisivo, tiempo de la luz para orientar nuestros pasos por el camino de la verdad y del amor. Tiempo para dejarnos revestir por el Señor, con las armas de la luz: la fe, la esperanza, el amor, viviendo en pleno día, identificándonos con sus actitudes fundamentales.

Cristo viene, está viniendo. Salgamos a su encuentro pertrechados con las buenas obras. El es "el origen, guía y la meta" de nuestra existencia. Su Palabra acogida nos mantendrá despiertos y nos permitirá mirar y ver más allá. Abramos nuestras vidas sin miedo al Señor que viene. A Cristo lo encuentra quien lo busca, y lo busca quien lo desea profundamente. Y lo encontramos en la normalidad de la vida cotidiana, que es verdadera historia de salvación. “Él está ahí, en nuestro trabajo diario, en un encuentro fortuito, en el rostro de una persona necesitada, incluso cuando afrontamos días que parecen grises y monótonos, justo ahí está el Señor, llamándonos, hablándonos e inspirando nuestras acciones” (Papa Francisco).

El cristiano está llamado a ser testigo de la esperanza, generador de esperanza arraigada en Cristo. Si perdemos esta esperanza lo perdemos todo, ya no nos podemos llamar cristianos. Nuestro mundo necesita testigos de la esperanza. Es importante ser testigos, fuente de esperanza para otros. Esto es muy importante, pues normalmente la esperanza nos la otorgan otros, porque dos que arriman el hombro mantienen mejor la esperanza. Si somos lo que somos es porque alguien confió en nosotros, esperó en nosotros, en nuestras potencialidades. Fuimos creciendo y madurando bajo la mirada amorosa y esperanzada de nuestros padres. Porque otro ser humano está a nuestro lado soportamos, a veces, mejor las más terribles pruebas. Hogar es la casa donde uno es esperado.
Necesitamos cultivar la esperanza activa y verdadera para dedicarnos plenamente al servicio del Evangelio: “La esperanza os tenga alegres, sed enteros en las dificultades y asiduos en la oración” (Romanos 12,12). Orar es amar, pero si se ama sólo de cuando en vez eso no es amor. Nunca es tarde para volver al verdadero camino, para salir al encuentro del Señor, para escuchar su llamada, para despertar de la frivolidad y asumir la vida con responsabilidad. La verdad está en camino. No huyas de la realidad ni de ti mismo, sé tú mismo, vive el presente y el aquí y ahora que te toca vivir, guarda silencio, ora, despierta. El Papa Francisco afirma que: “La vida cristiana se puede resumir en tres actitudes: estar “de pie” para acoger a Dios, en paciente “silencio” para escuchar su voz, y “en salida” para anunciarlo a los demás”.
Jesús Mendoza Dueñas
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