Bienaventuranzas

 4º Domingo Tiempo ordinario CA JMD 2026 Mateo 5,1-12a

LAS BIENAVENTURANZAS

Las Bienaventuranzas son un tema que da mucho que hablar, pero sobre todo son una invitación a VIVIR con sentido. Bienaventurado significa feliz.

Son una línea transversal de toda la Escritura y Evangelio. Las que recoge y ordena San Mateo en el sermón de la montaña, discurso programático del proyecto del Reino,  expresan la forma o actitudes de vida que espera y exige de sus seguidores. No son un código de conducta,  "ni una carrera de obstáculos que hay que superar para llevarse el premio, sino ocho puertas para entrar en el "palacio del Reino de Dios" (J. Luis Sicre).

(Basílica de las bienaventuranzas, Antonio Barluzzi)

A la luz de la experiencia de Jesús, podemos afirmar que nadie es más feliz que Dios. Y nadie desea más que Dios que seamos felices. Y nadie nos puede hacer más felices que el mismo Dios.

La pregunta obligada es: ¿Quién es feliz? ¿Cuándo yo soy feliz de verdad? ¿Qué es para mí la felicidad?

¿Y para Jesús de Nazaret?

Para Jesús feliz es aquel que se sabe, se siente, se reconoce hijo amado y bendecido  de Dios, a pesar de nuestras limitaciones, errores y pecados. A pesar de que algunas veces nos sentimos rotos por dentro.

Feliz para Jesús, es aquel que vive preocupado, ocupado en hacer felices a los demás. Jesús creía en un Dios feliz, que  ama a todos, que mira a todos con amor, porque es el Dios de la Vida, amigo de la Vida, que quiere que todos vivan con dignidad (“La gloria de Dios es que el hombre viva con dignidad”.  S. Ireneo)

Un Dios que quiere que seamos felices trabajando fiel y pacientemente por un mundo mejor para todos, menos desigual, más justo y pacífico. Un Dios que nos es insensible al sufrimiento de sus hijos. Que nos acompaña en la lucha por ese mundo mejor.

El evangelio comienza diciendo que “Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos”. Yo me imagino que para escuchar mejor.

Nosotros también necesitamos acercarnos a Jesús para escuchar su palabra, si es que queremos ser discípulos fieles y felices.

Necesitamos escuchar todos los días el mensaje de las bienaventuranzas, son el resumen del evangelio. Son la expresión de lo que Jesús vivió, encarnó más profundamente en el camino de su vida, cuyo contenido es inagotable. Siempre tiene resonancias nuevas. Siempre encontraremos en ellas luz para saber vivir el momento que nos toca vivir.

Además Dios es el garante último de la felicidad humana aquí y más allá de esta vida: “porque verán a Dios”, “porque se llamarán hijos de Dios”.

Ser cristiano es aprender a vivir bien, siguiendo el camino abierto por Jesús.

Dichosos los pobres en el espíritu (que tiene espíritu de pobre), que saben vivir con poco, confiando siempre en Dios y atentos a los necesitados.

"Bienaventurados aquellos que aún son capaces de maravillarse ante las personas sencillas, y viviendo el evangelio, pueden proclamarlo con la propia vida. Bienaventurados aquellos que saben recoger los frutos de la unión con el Señor, porque exultarán de gozo. Bienaventurados aquellos que aprenden a mirar a la gente que se fatiga y sufre, y saben aliviarla de los pesos que soporta. Bienaventurados aquellos que, en los acontecimientos felices o tristes, son capaces de descubrir la presencia del Señor y, como Jesús, saben restituir todo al Padre. Él podrá inundar su existencia con su amor compasivo y misericordioso" (Tiziana Longhitano)


Bienaventuranzas llenas de humor

Dichosos los que se ríen de sí mismos, porque nunca acabará su alegría y diversión.

Dichosos los que no confunden un grano de arena con una montaña, pues se ahorrarán muchas preocupaciones y enfados.

Dichosos los que saben descansar sin buscar excusas, porque están en el camino de la sabiduría y madurez.

Dichosos los que no se toman muy en serio a sí mismos, porque serán más estimados por los demás.

Dichosos los que saben escuchar y callar, porque aprenderán muchas cosas nuevas.

Dichosos si tomáis en serio las cosas pequeñas y afrontáis con calma las grandes, porque llegaréis muy lejos en la vida.

Dichosos si apreciáis una sonrisa y no ponéis mala cara ante los acontecimientos, pues caminaréis por la vertiente feliz de la vida.

Dichosos si sois comprensivos y hasta benévolos con los malos gestos de los demás, os tendrán por tontos, pero ése es el precio de la caridad.

Dichosos si pensáis antes de actuar y oráis antes de pensar, porque os evitaréis muchos errores y tonterías.

Dichosos si sabéis callar y sonreír aunque os contradigan y os molesten, porque el Evangelio ha prendido en vuestro corazón. Y sobre todo, dichosos si reconocéis en todos al Señor, porque irradiaréis luz, bondad y alegría. (JOSEPH FOLLIET)



Jesús Mendoza Dueñas

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