Vosotros sois la sal de la tierra, la luz del mundo
5º Domingo TO CA Mateo 5,13-16
“EL JUSTO BRILLA EN LAS TINIEBLAS COMO UNA LUZ” (Sal 111,4)
Vivir o encarnar el espíritu de las bienaventuranzas de Jesús no significa soñar con las “alturas”, sino todo lo contrario: descender a la realidad y el tiempo que nos toca vivir, intentando transformarlo o mejorarlo desde dentro, desde la presencia y cercanía, con coraje y decisión. Si perder nuestra identidad, sin olvidar nuestra misión encomendada en nuestro bautismo. Jesús lo expresa con esta breve parábola o comparación, que expresa a la vez un deseo, elogio, y una advertencia: “Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo”.
Los discípulos verdaderos de Jesús que viven su evangelio ayudan a los demás a descubrir el verdadero sentido de la vida.
Y aquí está la advertencia: pero la luz no se enciende para ocultarla, y la sal no puede perder su energía interior que da sabor a los alimentos y los preserva de la corrupción.
Buenas obras que pueden ser pequeños detalles. La sal parece poca cosa pero es eficaz cuando se mezcla con los alimentos. La luz de una velita o candil en un apagón puede parecer insignificante pero es muy útil y vital cuando la hacemos brillar en medio de las tinieblas, de la oscuridad de la noche.
El profeta Isaías (58,7-10) nos muestra un camino a recorrer que Jesús hará suyo en la parábola del “Juicio final” (Mt 25): “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora”. El que ama a Dios y no se olvida de su prójimo es luz. No se puede, pues, creer en Dios cerrando la carne al hermano. Y no olvidemos que la caridad no tiene fronteras pero comienza por los que más cerca tenemos. ¡Qué actualidad tienen estas palabras, en la jornada central de la campaña de MANOS UNIDAS cuyo lema este año reza así: “Declara la guerra al hambre”. Una cuchara es más eficaz contra la guerra que todas las armas. No habrá paz verdadera si no hay pan en todas las mesas de la tierra!
San Pablo se presenta a los habitantes de Corinto con debilidad y temblor pero seguro de que la fuerza del cristiano no está en los medios políticos, académicos, financieros, tecnológicos, sino en la persona de Cristo, y éste muerto en la cruz y resucitado. Y el triunfo de Jesús sobre la muerte es nuestro triunfo, nuestra luz. Cruz que solo se entiende desde el amor extremo, libertad y fidelidad de Jesús al proyecto del Reino.
Hemos recibido, de parte de Dios nuestro Padre, talentos y dones que no podemos enterrar. Resumiendo: unidos a Jesús en la compasión y en el servicio fraterno no perderemos nuestra identidad y energía que nos hace posible amar a Dios y a los demás, transparentando, como vidriera, a Jesús e iluminado a los demás: “Lo que hiciste a uno de mis hermanos a mí me lo hiciste”.
Jesús Mendoza Dueñas



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