Como un ciego que ve

 4º Dom. Cuaresma CA Jn 9,1-38

1º.-“Bienaventurados los que crean sin haber visto” (Jn 20,29)

"En aquel tiempo, al pasar,  vio  Jesús a un ciego de nacimiento"

Todos somos ciegos de nacimiento… No sabemos contemplar, escuchar porque, insatisfechos, vamos por la vida muy deprisa y no nos encontramos. Vemos mucha tele y consumimos muchas imágenes en las rr.ss. pero no dialogamos, creemos ver pero no vemos.

A veces nos ponemos una venda en los ojos para no ver la realidad (“No hay peor ceguera que la del que no quiere ver”) Nos cuesta reconocer la realidad de lo que somos, de nuestro interior, nuestros defectos, mi pecado, mis miedos y cobardía. Nos cuesta entender la realidad del mundo que me rodea, con sus guerras, injusticias, miserias. Nos cuesta aceptar la realidad de mi prójimo, como igual, como hermano, aunque sea extranjero, cuando no respeto su dignidad.

Ciegos son los que juzgan y condenan al hermano dejándose llevar por las apariencias y prejuicios (Jesús no tenía prejuicios).

Ciegos son los que no se fían de nada ni de nadie. Los que solo ven lo negativo, la oscuridad, como lechuzas, hijos de las tinieblas.

Ciegos son los que se creen superiores a los demás. Les ciega la soberbia y el orgullo.

Ciego es el hipócrita, el que engañas o miente, el que no llama a las cosas por su nombre, a la guerra guerra, a la crisis crisis, porque “España va bien”.


2º.- Pero Jesús nos puede curar de la ceguera. Pero esa curación no es fácil (puso barro en los ojos del ciego, aunque somos de barro). La fe nace de la escucha obediente (El primer mandamiento de la ley de Dios es “Escucha, Israel”). Y el primer paso es aceptar la propia ceguera y desear ver la luz. En segundo lugar: suplicarlo, pedirlo humildemente: “Señor, que vea”. Después: confesar a Jesús. La fe crece cuando se da con el testimonio cotidiano, sencillo, respetuosos, alegre, identificándonos con las actitudes fundamentales de Jesús (confianza y compasión) y su proyecto del Reino, frente a los señores poderosos de la tierra, y los señores de la guerra, denunciando sus injusticias.

En definitiva, “creer” es un proceso y es don que hay que suplicar, acoger, agradecer, cultivar y dar. Y no olvidemos, que a la vuelta de la esquina podemos rechazar a Jesús en el rostro del hermano que sufre.

El bautizado ha sido “iluminado para ser “espejo”, portador de la luz de Cristo, con humildad, porque no somos propietarios de la verdad del Evangelio, con valor, sin escondernos, con alegría: “Brillen así vuestras obras buenas, para que los demás conociéndolas den gloria a Dios Padre”.


“Señor, pon un par de gotas frescas de fe en estos ojos cansados de tanto ver luz sin ver. Por la oscuridad del mundo voy como un ciego que ve.” (Himno de laudes)



Jesús Mendoza Dueñas




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